Enrique, 38 años.



Caso de Exito NutriplusLlegué a Nutriplus pesando 102 kg., con 36 años, 1.78 m de estatura y las rodillas destrozadas. Esa fue la gota que derramó el vaso. Mi participación en el campeonato de fútbol cinco de la oficina duró exactamente 45 segundos. Apenas recibí la primera bola me paré mal, me torcí la rodilla y pasé tres semanas con muletas. El diagnóstico era el mismo de siempre: tenés que bajar de peso.

Desde que llegué, me encantó Nutriplus por el enfoque integral del programa. No sólo me pusieron a respirar por un tubo, me pesaron y me enseñaron a comer de una manera balanceada. Además, me dieron tantas explicaciones como pedí, y créanme que fueron muchísimas. Pero, sobre todo, siempre tuvieron muy claro que el tema de la nutrición no se trata sólo de comer, sino de sentirse bien. Bajar de peso no es cuestión de cerrar la boca, sino de controlar el cerebro.

Con la ayuda de la Dra. Monge aprendí a no engañarme a mí mismo. No es cierto que tengo hambre porque “el cuerpo lo necesita”. Los números son claros. Ella me dijo cuánto debo consumir al día. Más que eso es puro antojo, una trampa del cerebro. Tampoco se trata de obsesionarse ni renunciar por completo a los gustos culinarios. Para eso están las comidas libres, pero el truco es contabilizarlas y dosificarlas. Sin mentirse a uno mismo ni a los demás, esa es la clave.

Y en el espíritu de la honestidad, les voy a decir la verdad. Perder peso cuesta muchísimo. Hay días en que uno siente que se va a morir de hambre. Hacer ejercicio cuando uno carga más de 20 kg. de sobrepeso es una tortura. La primera vez que salí a caminar hice un recorrido de 15 km. Era sábado, salí a las once de la mañana de mi casa y regresé a las cuatro de la tarde. Pasé a almorzar en el camino. Me tomé tres litros de coca light. Cuando llegué a la casa tenía la entrepierna irritada, como si hubiera andado cinco horas a caballo. Me bañé y me acosté hasta el día siguiente. Tenía años de no sentirme tan mal. Al día siguiente salí a caminar otra vez, a pesar del dolor, y así seguí caminando todos los días, aunque fuera media hora.

Un buen día por fin me decidí a correr. Seis meses después hacía el mismo recorrido del primer día en hora y media, corriendo sin parar, cinco veces por semana. Ya había perdido 15 kg. y descubrí que me encantaban las carreras de larga distancia. Ya no me dolía nada. Me sentía cada día mejor.

Ha pasado un año y diez meses desde la primera vez que entré al consultorio en Nutriplus. Hoy peso 82 kg., puedo correr 10 km en cincuenta minutos y en menos de una semana espero completar mi primera maratón. Cuarenta y dos kilómetros. Sé que puedo. Más allá del esfuerzo físico, completar la maratón es un asunto de voluntad y fortaleza mental. Perder peso también. Y el esfuerzo vale la pena.

Enrique, 38 años.
Ingeniero Eléctrico

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